Desarrollo humano en América Latina

Situación Social en América Latina y Caribe

Recientemente, hemos conocido nuevos datos sobre la situación socioeconómica en América Latina, gracias al Informe sobre “Desarrollo Humano 2016” elaborado por el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el desarrollo). Según el Informe, la Región avanza pero de manera desigual. No sólo encontramos fuertes contrastes según los países que la componen, sino que además estos contrastes se observan en el interior de cada país y entre los distintos colectivos que conviven en ellos. Por esta razón, uno de los motivos de preocupación es sin duda la desigualdad.

El Índice de Desarrollo Humano se mide gracias a 3 variables fundamentales, estas son el producto interior bruto percápita (1), el promedio de años de formación académica (2), y la esperanza de vida al nacer (3). Mediante estas tres variables se crea un indicador que permite rankear los resultados para obtener un mapamundi de la riqueza y la pobreza.

Lamentablemente debemos acudir al puesto 38 del Ranking Mundial para toparnos con el primer país de América Latina en desarrollo, que es Chile. El país sur-pacífico obtiene 0,87 puntos en el indicador creado a partir de las tres variables estudiadas. Seguido de Argentina, que con 0,83 se ubica en la posición 45 del mundo. A continuación se sitúa Uruguay (0,80)  en el puesto 54, por delante de Panamá (0,79) en el puesto 60. Los países con peor nivel de desarrollo son Haití (0,49)  en el puesto 163, y Honduras (0,63) en el puesto 130.

El Informe sobre Desarrollo Humano es esclarecedor respecto a los colectivos menos favorecidos. El perfil que más preocupa es el de la mujer rural e indígena. Con frecuencia el colectivo más perjudicado en el reparto de la riqueza. El informe pone énfasis en la necesidad de acceso a la tierra para que los ciudadanos con menor probabilidad de desarrollo, puedan prosperar.

Otro de los datos más inquietantes es la tasa de 21,6 homicidios por cada 100 mil habitantes. Estos datos superan en 14 veces a la tasa más baja de criminalidad en el mundo, Asia Oriental y el Pacífico, según el PNUD. Así como la de encarcelamiento: en América Latina hoy hay 244 presos por cada 100 mil habitantes, frente a los 48 que hay en Asia Meridional y 88 en el África Subsahariana. Especialmente alarmante es el dato de la violencia juvenil, en el que en 10 países caribeños (2012), se sitúa entre 17% y 24% la pertenencia, de varones en edad escolar, a bandas.

Los datos que invitan al optimismo en dicho informe es que ha sido reducida en un 70% la mortalidad de los niños que aún no han cumplido los 5 años, y el avance en la lucha para la extinción de la malaria.

A pesar de los avances en materia de lucha contra la pobreza, esta sigue estando muy patente en la Región, donde persiste la exclusión social, que se ceba con determinados colectivos. Si bien en los últimos 25 años se han dado indudables avances en la materia, siguen existiendo colectivos marginados. Debe ponerse el acento, en que la prosperidad y la creación de riqueza no se constituyan sobre la marginalidad en la Región. Es decir, es prioritaria la inclusión de los colectivos menos favorecidos en los avances de la lucha contra la pobreza.

América Latina y Caribe están situados sólo por debajo de Europa, Asia Central y Norteamérica en el mapa de la riqueza, sin embargo los índices de desigualdad adivinan una brecha difícil de superar, que implica la necesidad de poner en marcha políticas de igualdad en el acceso al desarrollo, la educación y la posibilidad de emprendimiento.

La mujer es sin duda, el grupo más desfavorecido, prueba de ello es la abismal diferencia que sufren en el acceso a puestos parlamentarios (28%), y en los puestos legislativos y entre el  alto funcionariado, donde son tan sólo el 37%.

Otro de los perfiles más desfavorecidos son los indígenas. En Guatemala, los niños y niñas indígenas acuden promedio la mitad de años a la escuela. Mientras que en Ecuador, Bolivia, Perú y en México, los indígenas acuden entre dos y tres años y medio menos que los no indígenas.

Preocupan también otros colectivos como son los habitantes de las zonas rurales, que frente a la ciudad siguen viviendo una notable desigualdad en el acceso a los bienes de consumo así como los servicios avanzados, la educación, la sanidad y el saneamiento.

Igualmente vulnerables son las personas con algún tipo de discapacidad, y la comunidad de homosexuales, que siguen sufriendo la discriminación con el consecuente impacto en su situación social y económica.

Las políticas de integración, son fundamentales para paliar la desigualdad entre colectivos sociales, la integración es la mejor herramienta para un reparto más equitativo que permita incluir en la clase media, a los colectivos sociales más desfavorecidos. En este ámbito, las políticas educativas, sanitarias y laborales, serán fundamentales para que en los próximos años se pueda consolidar una amplia clase media en la estructura social de América Latina.

Según Helen Clark “es posible erradicar la pobreza y lograr desarrollo sostenible, pacífico y justo para todas las personas, si se eliminan las normas sociales y leyes discriminatorias arraigadas y persistentes y se acaba con la desigualdad de acceso a la participación política, problemas que han impedido a tantas personas avanzar.”

Posted in:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *